Brian Stonehouse, un estudiante en la escuela de arte de Ipswich, descubrió su amor por la moda al ejercer de voluntario durante la segunda guerra mundial. Esta es la historia del joven británico, que tuvo que dejar a un lado su pasión por el arte para servir a su país antes de convertirse en el primer ilustrador en plantilla de la revista de moda con más repercusión de Estados Unidos: Vogue.

Gracias a su perfecto francés, Stonehouse trabajó en la fase de reclutamiento para soldados y más tarde como operador de radio para el Servicio de Operaciones Especiales. Pero fue detenido cuando accidentalmente se saltó las normas y fue descubierto en una retransmisión para sabotear las operaciones nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

El inglés consiguió sobrevivir los terribles años en prisión dedicando la mayor parte del tiempo al dibujo. Principalmente retrataba a mujeres que le llamaban la atención por su vestimenta tan elegante y singular. Fue así como la ilustración se acabó convirtiendo en su pasión y en una forma de evadirse de la realidad. Años después y una vez la guerra hubiera terminado, sus dibujos servirían para resolver casos como el de cuatro mujeres de oficiales a quienes los nazis capturaron.

Sus dibujos empezaron a despertar interés y en poco tiempo captaron la atención de editores de libros y revistas. La que fue la editora de la revista norteamericana Vogue, Jessica Daves, mostró particular atención por el inglés. Le obsesionaron los retratos que Stonehouse había dibujado de famosas como Tallulah Bankhead y lo contrató como ilustrador principal para Vogue.

Se dedicó a dibujar maniquíes vistiendo las prendas más nuevas y sofisticadas de la Alta Costura. Su estilo era de trazo rápido y colores vivos y sus bocetos daban más protagonismo al conjunto que a la modelo. Fue una época dorada para su trabajo, ya que se creía que los dibujos eran una forma más exacta que la fotografía de representar los pliegues y textura de la ropa.

Aunque su estilo enamoró a Jessica Daves, la nueva directora de Vogue Diana Vreeland prefirió acompañar los artículos con fotografías en vez de ilustraciones. Sin trabajo, Stonehouse volvió a Inglaterra y en poco tiempo se hizo un nombre en el terreno de los paisajes y retratos. Fue tanto el impacto de sus ilustraciones que la familia real se interesó en él para dibujar el conocido retrato de la Reina Isabel que se encuentra actualmente en el bar Special Forces Club.